lunes, 28 de noviembre de 2011

EL PERFUME COMO SÍMBOLO DE IDENTIDAD (G1)

Sandra Villodre y Gabriela Gómez

Decía Marcel Proust "después que la gente ha muerto, después que las cosas se han roto y desparramado, el perfume permanece en equilibrio mucho tiempo, como almas resistiendo tenazmente, en pequeñas y casi impalpables gotas de su esencia".

A lo largo de la historia, el olfato ha sido uno de los sentidos más desarrollados por los seres humanos. Antiguamente, la utilización de plantas aromáticas se hacía con el fin de enmascarar olores desagradables y es que el olfato es uno de los primeros contactos que tenemos con el medio en el que nos desarrollamos.

Sin embargo, preferimos un olor externo al de nuestro propio cuerpo. Cada vez estamos más preocupados por reemplazar lo que tenemos naturalmente por elementos artificiales. Las fragancias son simulacros de olores que se encuentran en la naturaleza, pero que han sido modificadas y aderezadas para el uso en los individuos.

La preferencia de lo artificial no solo se observa en las fragancias sino también en el desarrollo existente hacia el culto al cuerpo. El aumento de operaciones estéticas hace gala de esta tendencia generada en la sociedad de crear nuestra identidad a través de elementos externos. Se trata por tanto de una hiperrealidad, en donde cada uno “crea” su físico a través de componentes externos no naturales, como puede ser la silicona en el pecho o el bótox para los labios.

La elección del perfume viene dada por las connotaciones que éste lleve consigo. El frasco que lo contiene, los colores predominantes, el material del que está realizado... Se

trata por tanto de la creación de un valor signo en torno a las fragancias elaboradas artificialmente.

En la sociedad actual, en donde la emulación sigue siendo un elemento que la caracteriza, el perfume ha sido convertido en objeto de deseo y es un símbolo de diferenciación entre la sociedad.

Como ejemplo de esto, encontramos marcas como Yodeyma, que elabora imitaciones de los perfumes con mayor reclamo en el mercado, confirmando así lo expuesto anteriormente.

Es por ello que el olfato ha sido siempre una seña de identidad para hombres y mujeres y al igual que ha sucedido con la moda o la tecnología, el perfume también pertenece al tipo de consumo enmarcado dentro de “objetos de lujo”.

En nuestra opinión, el hecho de crear una parte de nuestra identidad con una determinada fragancia se suma al simbolismo existente en la sociedad. El hecho de llevar un perfume de élite, no otorga ninguna arma de seducción infalible ni hace ser más elegante. Sin embargo, otorga características de pertenencia a un grupo de “prestigio”. Si no, ¿por qué gastarse tanto dinero en un perfume cuando lo puedes encontrar de imitación?

Es evidente que el acto de comprar un perfume hoy en día, es un acto impulsado por el deseo y por las connotaciones que conlleva, deseo, lujo, seducción…No por la necesidad de encubrir un olor, como sucedía en épocas anteriores.

Tras esta breve explicación cabe preguntarnos: ¿Es el perfume, un bien de lujo utilizado por la clase media como símbolo de pertenencia a un grupo de “élite”?, ¿Crees que el perfume “insinúa” la identidad de quien lo utiliza?, ¿Son ciertos los poderes de seducción, que otorga tu perfume?

Algunas respuestas a estas preguntas las hemos encontrado en la red.

- Grupo en Facebook: Mi perfume mi identidad.

- Especially Escada, nuestro signo de identidad.

Pero vosotros, ¿qué pensáis sobre el perfume vinculado a la identidad?

2 comentarios:

  1. ¡¡Hola chicas!!

    Quiero resaltar que hay personas que en sí mismas disponen de un olor personal que es en muchos casos mejor que el perfume que utilizan.

    En otros casos donde el olor personal no es tan perfecto o no le gusta, las personas disponen de olores artificiales, es decir de los perfumes o colonias.

    Estas personas buscan a través del aroma del perfume formar su identidad.
    No considero tan importante el precio del perfume, sino saber escoger cual es el aroma que va acorde con cada persona, y es que el aroma no huele igual en todas las personas.

    Respecto a la parte seductora que atribuye la compra de perfumes, opino que todos tenemos una serie de olores en gran consideración y sabemos cuando un aroma es más seductor que el otro.. y sí en cierto aspecto y gracias a esas connotaciones que los han atribuido se pueden considerar embriagadores de seducción.

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  2. Si se trata de enmascarar un mal olor, creo que es un mal uso del perfume.
    Por otro lado, encontramos distintos estados en los animales en los que los olores cambian para avisar de dichos estados. Uno característico es el miedo, que puede ser repelente (la mofeta) o el celo en perras y gatas que parece ser sublime para el otro género. También he visto perros embadurnarse de estiercol y sentirse mejor.. En el caso del perfume, es cierto que el precio del mismo es el que dicta en qué situaciones se usará este u otro. A menos que se disponga de uno para todas las ocasiones. Supongo que esto es determinado por el grado de fidelidad a la marca.
    Por otro lado creo que el poder de seducción no es tal. Creo que la seducción viene antes, el buen olor es un plus hacia la fidelización...

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